La Liga

De ser el sucesor de Makélélé a retirarse sin pena ni gloria en el fútbol de Grecia.

La salida de Claude Makelele del Real Madrid provocó un vacío tremendo en el centro del campo del Real Madrid que varios quisieron ocupar sin resultado favorable.

Por Tomás Valle

La salida de Claude Makelele del Real Madrid provocó un vacío tremendo en el centro del campo del Real Madrid que varios quisieron ocupar sin resultado favorable.
La salida de Claude Makelele del Real Madrid provocó un vacío tremendo en el centro del campo del Real Madrid que varios quisieron ocupar sin resultado favorable.
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La salida de Claude Makelele del Real Madrid provocó un vacío tremendo en el centro del campo del Real Madrid que no se cubrió hasta la llegada del tolosarra Xabi Alonso. Emerson, Gravesen y , el hombre que hoy nos ocupa, Pablo García , se quedaron en intentos infructuosos que no llegaron a buen puerto.

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Nacido en Uruguay en noviembre de 1977, Pablo Gabriel García Pérez comenzó su trayectoria futbolística en el Montevideo Wanderers a los 19 años. En 1997, aterriza en Europa de la mano del Atlético de Madrid, club que le incorpora a su primer filial. Poco después, deciden cederlo al Valladolid, donde solo permaneció unos meses.

Tras un carrusel de lesiones en el que jugó en el Peñarol y en la Serie A, Osasuna le rescata para el fútbol español en 2002. Fue en el conjunto navarro donde echó raices de forma definitiva y se convirtió en uno de los símbolos del equipo lo que provocó que el Real Madrid le fichara en el verano de 2005, con la intención de que se convirtiera en el centrocampista que hiciera olvidar a Makekele.

En el club merengue pasó con más pena que gloria y no se le recuerdan actuaciones destacables. Lento de movimientos, con un limitado manejo de balón y duro y expeditivo en defensa, su juego no le sirvió para ganarse la confianza del Santiago Bernabéu y no era extraño que se hicieran bromas con el hecho de que él y Gravesen figuraran en el centro del campo del Real Madrid. 

Su curso de blanco se saldó con 26 partidos disputados, pero con la sensación de que no encajaba en el equipo. Le faltaba calidad con el dominio del balón y quizá le sobraba algo de ímpetu y juego duro. Ante esta situación su futuro en el Real Madrid no estaba nada claro y volvió a estar destinado a una sucesión de cesiones. 

Probó en el Celta y en el Murcia, sin hacer nada del otro mundo, para después marcharse a la Liga griega y enrolarse en las filas del PAOK de Salónica, donde permaneció un lustro y, en menor escala, recordó al jugador que tanto había gustado en Osasuna. En el fútbol griego dio sus últimos pasos.

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